Había una vez un pequeño león llamado Leo que quería ser el más valiente de la sabana.
Un día, mientras jugaba, rompió sin querer la vasija favorita de su papá.
Leo sintió miedo.
—Si digo que fue el viento, quizá nadie se dé cuenta —pensó.
Cuando su papá vio la vasija rota, preguntó:
—Leo, ¿sabes qué pasó?
Leo estuvo a punto de decir que no. Pero recordó algo que su abuelo siempre decía:
“Ser valiente no es no tener miedo. Ser valiente es hacer lo correcto aunque tengas miedo.”
Entonces respiró profundo y dijo:
—Papá, fui yo. Estaba jugando y la rompí. Lo siento.
Su papá no estaba contento por la vasija, pero puso una mano sobre el hombro de Leo.
—Lo que hiciste estuvo mal, pero acabas de hacer algo de lo que puedes sentirte orgulloso: dijiste la verdad cuando era difícil.
Ese día Leo descubrió que la verdad no siempre te libra de las consecuencias, pero te convierte en alguien en quien los demás pueden confiar.
Y desde entonces, cuando tenía que elegir entre una mentira fácil y una verdad difícil, se preguntaba:
“¿Qué elegiría un león valiente?” 🦁